Ahora gira una ruleta angustiosamente, en un largo viaje que parece reunir, en forma de oxígeno, el porvenir de nuestros momentos.
Siempre existió un cuerpo que limitó a su alma, porque el alma necesita de sosiego, así como la vida de día.
Angustiosamente gotea la vela, inclinada forzosamente luego gime y el cielo rompe, el fuego quema, explota la vela destinada a explotar, y consumirse en una plegaria.
Las lágrimas se ven reflejadas en los patrimonios culturales de fe ritualizada, en las pupilas de ríos de plata de una mujer que no existe.
Ya llegará el día y
Bendiciones.
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