Quisiera decirte cuanto te extraño, cuánta falta me haces. Cuanto te necesito. Pero he de callar.

Y no es que tu cuerpo me falte. Ni el suave susurro de la piel, ni el calor de la presencia compartida. Es tu consejo y el amparo del futuro que me falta. Es sentir que el camino es seguro.

Aun te veo a ti ahí, como un reflejo a través de mi propia sombra, a través del atardecer.

El mundo se cae a pedazos y la hostilidad embarga mi esperanza, pero aún te siento ahí como la pieza que completa el vacío faltante a cabalidad.


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