Hay días en que tras los párpados pesados, -al despertar-
Tengo el privilegio de encontrarme acompañado.
Y cuando el tiempo todavía no te alcanza
para retornar :
espío a la luz llegar hacia ti con un olor profundo a canela.
El viaje transcurre tus hombros y se apoya en tu clavícula
como un péndulo
-amplía su vaivén-
Entre el tiempo detenido y la permanencia del aroma.
Nadie antes había cabido tan perfectamente,
en el tiempo que depara mi eternidad.
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