Creería que ya por estar aquí,
sus ojos no tendrían igual,
su espacio, su cielo, suyos,
en su nombre toda acción;
Pero ya no por las noches.
– Por las noches callaba y escuchaba.
Cubría su cara,
con otra cara,
un rocío frío que le había dejado el viento
una cristalina tez,
que era el eco de sus recuerdos
y esta su externa cara
no era más que un eco de la noche,
ni triste ni dichoso.
Una máscara
de perfiles estéticos y sombras
con la que podría fingir,
e incluso engañar sus palabras,
las mismas que le recordaban,
– entre paradojas,
que su nombre no era este,
que su nombre era del azul
y debía sufrir.
Al cerrar los ojos soñaba,
¿te acuerdas de mi?
yacían nuestros nombres unidos,
esperaban en un recuerdo,
que es imposible recordar,
(ahora)…
Lo encontré a 3 centímetros de distancia,
en el crepúsculo de tus ojos
lo encontré en las alturas,
y ahora me es imposible dormir.
¿Ves cómo todo se repite?
¿Ves el precio de soñar dentro del sueño, despierto?
La máscara vagaba por las calles
y en ceremoniosas fiestas de regocijo mundano,
el espíritu penetró -escabulliendose,
en los socavones de mis venas.
El espíritu me habló,
cara a cara -con toda sinceridad,
y su voz fluía en un río ácido
y sus palabras eran siempre vivas,
para conmigo.
¿Podrías recordarme?
Mi espíritu,
tu espíritu,
¿cuándo se cruzaron?
¿cuándo volverán los ojos para mirarse?
¿cuándo se mirarán para encontrarse?
Es verdad esto,
y debo confesarlo.
Ya no puedo creer en las estatuas.
Por el hecho de que no puedo encerrarme en mis sentidos,
y creer que el mundo termina en las fronteras de mi piel,
en extremos de pies y manos,
– Porque al viajar a las fronteras de tu piel
pis sentidos no podrían engañarme,
y sin embargo colapsan,
transformándome en tu respiración.
transportándome a la esquina oculta
del reflejo,
de tu espíritu
y mi espíritu.
Ya no puedo creer,
porque yo lo creé,
el creer pierde trascendencia.
Nadie me enseño tanto o nada, como tú.
Es real tu palabra,
y debo confesarlo.
Mis imágenes y retratos están incompletos,
y por tanto mi visión del mundo también lo está,
ahora que miro al fin
todavía le falta presencia.
Siento al vértigo frenéticamente,
viendo lo poco que hice y tanto espacio vacío.
Todo es único y nuevo.
La muerte lenta no le quita espacio a la vida lenta,
can de la mano por otro espacio.
Si alguna vez traté de explicarme
el porqué de aquellas formas,
me remitía al presente
a ese tiempo que era necesario
no olvidar.
Ahora veo ¡y qué ciego fuí!
Todo se transforma y crea a cada momento.
El olvido pierde su sentido.
¿Podrías olvidarme?
Se que ahora puedes verme
y sentir el vértigo
-que no puedo dejar de sentir
de tocar la felicidad con dedos de la piel,
de deshojar uno por uno,
los niveles de profundidad de los ojos
hasta llegar a tu desnudez,
y ser el espíritu.
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